jueves, 12 de enero de 2012

LA ORACIÓN EN TERESA DE JESÚS


Teresa Jesús, nos ilumina este camino de oración con la parábola de regar el huerto, La "comparación del huerto y el agua": el huerto es el alma o el orante mismo; el agua es la oración, la gracia, la vida es decir nuestra alma.
“Ha de hacer cuenta el que comienza, que comienza a hacer un huerto. Y con ayuda de Dios hemos de procurar, como buenos hortelanos, que crezcan estas plantas y tener cuidado de regarlas para que no se pierdan, sino que vengan a echar flores que den de sí gran olor para dar recreación a este Señor nuestro, y así se venga a deleitar muchas veces a esta huerta y a holgarse entre estas virtudes.
Pues veamos ahora de la manera que se puede regar, para que entendamos lo que hemos de hacer y el trabajo que nos ha de costar, si es mayor que la ganancia, o hasta qué tanto tiempo se ha de tener.
Paréceme a mí que se puede regar de cuatro maneras: sacar el agua de un pozo, que es a nuestro gran trabajo; con noria y arcaduces, que se saca con un torno; yo lo he sacado algunas veces: es a menos trabajo que estotro y sácase más agua; de un río o arroyo: esto se riega muy mejor, que queda más harta la tierra de agua y no se ha menester regar tan a menudo y es a menos trabajo mucho del hortelano; con llover mucho, que lo riega el Señor sin trabajo ninguno nuestro, y es muy sin comparación mejor que todo lo que queda dicho.” (Libro Vida, Capitulo 11, 6)
“Este modo de traer a Cristo con nosotros es provechoso en todos los grados de oración y es un medio segurísimo de ir aprovechando en primer grado y llegar muy pronto al segundo, y para librarnos de los peligros que el demonio nos puede poner en los últimos grados.” (V 12, 2)
El camino de la oración dura lo que dura nuestra vida, es así, como quien se sabe una persona de oración, tiene que cuidar la vida de cada día, es algo exigente, porque tiene que cuidar la calidad de lo que hace y el cómo lo realiza, es decir, debe tener coherencia entre la vida y la oración.
Es importante, aunque parezca difícil, asumir la cruz de Cristo como parte de la vida, en necesario entre otras cosas, sentirse pobre para no codiciar, ni andar con afán en las tareas.
La persona de oración, es una persona que se ha determinado a vivir su vida orientada a Dios, es una persona con “ánimos animosos”. Pero además, aunque es la oración un trato de amistad con Dios, esta no es para uno, es decir “sólo para mi”, es para vivirla junto a los demás, unidos en la oración, apostólica, el que es amigo de Dios lleva a la gente consigo, no va en solitario. La oración lleva consigo esfuerzo, educarse en la fe, en la esperanza y en la caridad.

EN SÍNTESIS...
¿Qué es en síntesis la oración para Santa Madre Teresa de Jesús?
¿Que nos enseña Santa Madre Teresa de Jesús en sus Libros?
Para santa Teresa de Jesús la oración es el camino más seguro para llegar a Dios. Ella nos explica en sus libros, que están dirigidos a sus hijas, las monjas, que diferencia varios grados en la oración que nos acerca a Dios como sus hijos amados, y nos invita a tratar con Dios con una amistad que es de máximo afecto, amor y devoción.
Ella nos habla de la Oración vocal, como un primer paso o un primer nivel. También nos relata que a ella no le gustaban las oraciones vocales largas o complicadas como si fueran estas unas oraciones mágicas para convencer a Dios de lo que se pide, ella prefiere más que locuacidad, un corazón volcado hacia Dios.
Observamos en sus escritos, que su oración predilecta era el Padrenuestro, el avemaría, el credo, como también de que el “reino no tendrá fin”
Otro paso u otro segundo nivel que nos invita a realizar es la Meditación, y que no debe confundirse con la oración mental.
Entre sus escritos nos aclara sobre la oración afectiva: que no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho…
Sobre el Recogimiento adquirido, nos enseña que consiste en encerrarse dentro de sí mismo para encontrar allí a Dios y conversar amorosamente con Él en forma cada vez más simplificada, como si habláramos con El como Padre, como Madre, hijos, hermano o amigo.
Sobre el Recogimiento infuso, nos enseña que dan ganas de cerrar los ojos y nooir, ni ver ni entender, sino aquello en que el alma entonces se ocupa que es poder tratar con Dios a solas, íntimamente con quien nos ama
Sobre la oración de quietud, nos enseña que es una paz interior inmensa.
Sobre la oración de unión, nos enseña que hay una ausencia total de distracciones. Certeza de haber estado el alma unida a Dios. Ausencia de cansancio.
Santa Teresa deja bien claro que sin esfuerzo personal no hay encuentro con Dios. Ella además cuenta lo que experimenta, describe lo que pasa en su alma. No intenta explicar por la filosofía en qué consiste la unión con Dios. Tampoco recurre nunca a la metafísica ni a nada parecido. Siempre recurre a la experiencia de sí misma, a su psicología y desde ahí trata de comunicar a los demás esa experiencia gozosa del encuentro con Dios.
  

sábado, 23 de mayo de 2009

LA ESPIRITUALIDAD CARMELITANA

LA ESPIRITUALIDAD CARMELITANA.
INTRODUCCIÓN.
El termino del objetivo espiritual derivado de espíritu, y en sentido lato de la palabra espíritu en todas las lenguas clásicas y bíblicas es susceptible de significados muy diversos.
Los filósofos llamaron espíritu al principio de la vida misma especialmente de la vida racional del hombre, y de este modo introdujeron un concepto de espiritual en contraposición a materia. Aun hoy en le lenguaje común como en le filosófico, se suele usar la palabra espiritual para indicar lo que se piensa en contraposición de las realidades materiales, como por ej. La naturaleza de Dios y de los ángeles, y en el hombre su actividad de ser racional.
Por ello espiritualidad será el complejo de acciones humano-divinas del hombre hacia su fin sobrenatural, es decir la vida cristiana en cuanto tal.
Algunos han definido la espiritualidad como “la vida del espíritu conducida de acuerdo con las exigencias que le espíritu impone”,
Cabe a firmar que el concepto de espiritualidad es reciente. No aparece en la tradición general filosófica religiosa ni en la típicamente bíblico teológica.
La palabra espiritualidad será susceptible de las más variadas acepciones. A veces significa la vida interior personal de un hombre, pensamientos de que se nutren más habitualmente, formas de oración, prácticas diversas, gracias particulares que la sostienen y desenvuelven, podrán ser dirección de las almas, principios que enseñan medios empleados para la formación, fines particulares asignados o sugeridos, en fin principalmente la doctrina espiritual formulada en los escritos del mismo. La síntesis doctrinal de las cosas de vida interior, que se halla allí expuestas, insinuadas, supuestas o que al menos se pueda sacra de ellas.
Si de espiritualidad individual pasamos a la de grupo u orden, la cuestión es más compleja. En este caso la palabra espiritualidad podrá encerrar realidades bastantes diferentes: o bien cierto numero de principios espirituales, de forma de oración o de ascesis, a veces aún todo un sistema que le grupo impone a sus miembros y que encuentran, junto con particularismos diversos, ser comunes a toda la masa de miembros del grupo; o en fin una media, una resultante general que se desprende más o menos claramente de las espirituales vividas o enseñadas por diversos miembros, resultante que expresara la dirección general, las tendencias más arraigadas de todo el movimiento.
La espiritualidad de una orden religiosa consiste en su modo de concebir la perfección, la gracia, los medios de santificación y principalmente la oración.
Las espiritualidades de las varias familias religiosas no son otra cosa que una sistematización, una organización sólida, equilibrada, armoniosa de todos los elementos necesarios para el desarrollo de la vida sobre natural.
Las espiritualidades son en suma resultantes de personalidades y climas espirituales caracterizadas por cierto equilibrio entre diversos elementos que se encuentran en toda espiritualidad cristiana como la ascesis, la oración mental o mística, la oración litúrgica, la práctica de las virtudes.
DESARROLLO.
SAN JUAN DE LA CRUZ.
Nos encontramos ante una figura gigante, pocos hablaron de los sublimes misterios de Dios en el alma y del alma en Dios como el santo de Fontiveros.
Su prosa y sus poesías son divinas y como muy bien Méndez de Pelayo “no puede medirse con criterios literarios, por que por ahí paso el espíritu de Dios hermoseándolo todo”
La originalidad del magisterio espiritual sanjuanista y como el secreto de su vitalidad, estriba precisamente en la intima relación y unión en la vida sobrenatural, o por usar su terminología y clásica, entre la nada y el todo se funden en uno.
No es esta doctrina inhumana, ya que para comprender la nada se de acudir al todo. Es cosa digna de ser admirada el ver, aun en el aspecto negativo, esto es, en las duras noches del sentido y del espíritu cómo el Amor va sosteniendo al alma.
Toda la obra de San Juan de la Cruz es un himno entonado al Amor. Para él el Amor es toda la sustancia, toda la hermosura de la vida espiritual. Canta con acentos incomparables el sumo precio del amor, mas el amor no es solo el fin: también el camino que conduce a la plenitud de la vida espiritual es como un camino de amor. El anonadamiento es obra del amor… hasta las tenebrosas noches en que el alma queda envuelta mientras se acerca al señor, son obra del amor a Dios.
LA UNIÓN CON DIOS.
Para Juan de la Cruz la unión con Dios, “es el más alto estado a que en esta vida se puede llegar”
Este es le fin al que aspira el camelo. El amor, la caridad, la santidad, que todo lo viene a significar lo mismo, hasta llegar a la experiencia de Dios mediante la vida contemplativa. El Carmelo ha querido desde sus orígenes, vivir del espíritu de interioridad de padre de los contemplativos, del profeta solitario y silencioso. Ha querido caminar delante de Dios, cual otro Elías y Bautista, “para preparar al señor un pueblo bien dispuesto, o sea para la resurrección de un nuevo pueblo con fervores de juventud. El espíritu del Carmelo es le espíritu de Elías y el espíritu de Elías es el espíritu de Dios, de la intimidad divina.
Cuando en el Carmelo se habla de la perfección, siempre se quiere significar la unión del alma con Dios y jamás se la propone con límites ni medida alguna, sino en la más perfecta realización que sea posible obtener en esta tierra. Juan de la Cruz señala como meta del camino espiritual en esta vida el estado de unión en que el alma se trasforma en Dios por amor, “el mayor y más alto estado a que en esta vida se puede llegar”. Es tan grande la intimidad con Dios en tal estado de unión que el alma se siente como inundada de vida divina, hasta el punto de verse obligada a exclamar: “vivo yo, ya no yo, mas vive en mí Cristo.
La regla de nuestra orden se propone con fin llevar a los Carmelitas a la unión con Dios, y su única misión es “vivir en obsequio de Jesucristo y servirle con corazón puro y recta conciencia. En todo esto el seguimiento de Cristo es fundamental cierta relación personal con El, es como nos dice San Pablo que el hombre asumido en la vida a Cristo por el Bautismo, muere y resucita con El. Así es nueva criatura en Cristo. La imitación de Cristo trae una doctrina sobre le servir a Jesucristo de idéntica inspiración que la espiritualidad Carmelitana. : “Grande honra y grande gloria es servir y despreciar todas las cosas por tu amor, por que recibirán mucha gracia los que se sujeten voluntariamente a tu santísima voluntad. Hallarán la consolación del Espíritu Santo los que por tu amor desprecian todo deleite carnal. Alcanzaran gran libertad de corazón los que por tu amor entren por e l camino estrecho y desechen todo cuidado mundano[1].
Tanto como Juan de la Cruz y así de igual forma Santa Teresa tratan de una doble unión del alma con Dios. La primera consiste en la conformidad más perfecta de la voluntad humana con la voluntad divida, conformidad que en el alma engendra un voluntad de renuncia absoluta de todo, incluso del propio modo “de su entender, gustar y sentir[2]”.
El ideal carmelitano sólo se sentirá satisfecho después de haber conseguido ambas uniones realizables sobre la tierra. Este ideal, en toda su exigencia, fue el que represento Juan de la cruz en el dibujo del Monte de la Perfección, apuntando en la misma cumbre con esta sentencia categórica: “Sólo mora en este monte la gloria y honra de Dios”.
EL MISTERIO DEL AMOR.
El Carmelo se preocupa de la vida de fe y de esperanza, pero sobre todo, insiste en la virtud en la caridad, en el amor. Esta es una meta que todo carmelita se de debe de trazar, “nuestra vocación es le amor[3]”, nuestra regla nos dice “debéis vestiros de la coraza de la justicia, de suerte que améis al señor Dios vuestro con todo el corazón y con toda el alma y con todas tus fuerzas y a vuestro prójimo como a vosotros mismos”[4]. Son pocas las almas que llegan a la trasformación por le amor, según nos dice Juan de la Cruz, “no es porque Dios quiere ha haya pocos de estos espíritus levantados, que antes querrían que todos fuesen perfectos sino que haya pocos vasos que sufran tan alta y subida obra (Lb 2,27), como es la purificación que antes se necesita. Somos muy reacios a ella por que no queremos desprendernos de nuestras comodidades. “¡Oh almas criadas para estas grandezas y para ellas llamadas!, ¿Qué hacéis? ¿En qué os entretenéis? Vuestras pretensiones son bajezas y vuestras posesiones miseria, CB 39,7. Ante esto, ¿Qué determinación tomaremos? Saldremos en busca de Dios y El nos Saldrá al encuentro. “Si el alma busca a Dios, mucho más la busca su Amado a ella”. LB 3,28.
Los santos del Carmelo nos enseñan a trasformar el dolor mismo en fuente de amor. En el dolor el alma siente que ama y se consume, “pues penas es el traje de amadores”. “Amor con Amor se paga”. El amor del Carmelo no es un amor que se repliega en sí mismo, en busca de sus propias satisfacciones, antes bien la amor que se da, que se inmola y se consume por la gloria del amado”. El Carmelita busca a Dios, que es amor, no busca las delicias del amor; sin embargo, Dios se las comunica ordinariamente aun a costa de esa paradoja de encontrar el sufrimiento el gozo más íntimo, delicado y puro.
MEDIOS ESPECIFICOS DE LA ESPIRITUALIDA CARMELITANA.
Para conseguir es fin es necesario algunos medios, que también están profundamente arraigados en la legislación e historia de la orden.
Soledad.
Un fin principal de la vida religiosa es buscar a Dios, su experiencia siguiendo a Cristo por la fuerza del Espíritu. Pero a Dios sólo se le encuentra y experimenta a través de un largo proceso de purificación, imposible de alcanzar fuera de eso que se ha dado en llamar la “espiritualidad del Éxodo o del Desierto”.
Para Juan de la Cruz el alejamiento del mundo es el punto de partida para le entrega a Dios; dejando todo por el Todo. “El alma contemplativa ha de ser amiga de la soledad y silencio que no sufra compañía de otra criatura”. La soledad es la expresión del desasimiento del mundo y de la pertenencia a Dios. (T. Brandsma, O.Carm.).
La soledad igual que los otros medios ascéticos, no es fin sino medio para llegar al fin, “el Carmelo tiene cierta preferencia por el recogimiento y lo que es más, por la soledad local, desde la cual el religioso con la oración. Un punto a aclarar es que es que la soledad no considerada por le Carmelo como un fin en si misma, sino como un medio al servicio del recogimiento espiritual, que es el que el Carmelita debe llevar consigo incluso cuando se encuentra en medio del ruido del mundo y en le fragor de la actividad apostólica exterior.
Silencio.
El silencio arrancándonos de la masa anónima, nos conduce a nosotros mismos, para descubrirnos el horizonte bello y alegre de un vivir para Dios, que mora muy dentro de nosotros mismos.
El silencio externo es una disposición remota para llegar a la parte mejor de los Carmelitas. La disposición próxima y preparación optísima para vida interior la constituye el silencio interior. Dicho silencio consiste e sujetar las preocupaciones y la excesiva vivacidad de las potencias internas y externas=, con ello el hombre, acalladas las potencias imaginativas, apetitivas y demás sentidos y en cierto modo los actos propios de estas ponencias entra dentro de si mismo para escuchar más quietamente y sin estorbos las voz de Dios que le habla al corazón.
Oración.
La Regla de la orden nos propone la vida de fe, de esperanza y de caridad, a saber: una vida en Cristo, de tal forma, que en esta sociedad sujeta al proceso de secularización siempre creciente, haga a los OCD, capaces de encontrar el poder señalar a los hombres a Dios Creador y Salvador.
La orden ejerce su servicio de la iglesia en cuanto que los religiosos se esfuerzan en hacer propia la aptitud de adoración y de oración. Mas este espíritu de oración se saca de las genuinas fuentes de la cristiana espiritualidad, principalmente de la lección canónica de las divinas escrituras y de la liturgia.
La pregunta dónde y cuándo puedo rezar o hablar con Dios no de formularse jamás un OCD. El sabe que puede y debe hablar con Jesús como lo hacemos con nuestros amigos donde nos los encontremos. Por otra parte no hemos de olvidar de que, cuando queremos tratar con ellos de lago de mucha importancia, vamos a sus casas y allí a solas y sin prisas, les exponemos nuestra situación y les pedimos consejo y ayuda. Es necesario orar según lo requiere el momento y las necesidades para la que atraviesa el alma.
Fraternidad.
La dimensión comunitaria o fraterna, es una de las notas esenciales de la vida religiosa, para que se puedan superarse las hondas crisis que pesan sobre ella y para que se viva en el verdadero espíritu de los primeros siglos, como nos los refiere el libro de los hechos de los apóstoles. La vida fraterna será también un magnifico aliciente para vivir la perfecta comunicación de bienes. No hay nada mío ni tuyo, es de toda la comunidad y para todos igualmente “según las necesidades de cada hermano”, (RSA).
CONCLUSIÓN.
Toda la ascética que hemos repasado en este trabajo tiene como finalidad ayudar a sacar provecho toda la espiritualidad carmelitana. Y sobre todo tienen como finalidad la desnudes espiritual para así poder llagar a la vida en Dios. Y sobre todo es permitirle al señor que invada por entero el alma. Porque si ésta se despoja, no es para producir en sí un inmenso vacio, sino para llenarle por Dios y no vivir en adelante más que de El y para El.



[1] Imitación de Cristo, III, 10,5
[2] Subida I,II, c, 5, n,4
[3] Santa Teresa del Niño Jesús, Historia de un alma, c, 11.
[4] Regla de San Alberto, c 14.